miércoles, 23 de mayo de 2007

La sequía


El ridículo Sebastián –ya expliqué ayer el motivo de dicho calificativo- niega conocer a Hernando, colaborador de Montserrat Cogulla. Pues va a ser que no lo creo. De este inquilino del gabinete siniestro de Moncloa ya no me creo ni la hora. Ese es el fruto que ha cosechado para muchos madrileños después de una campaña electoral que a buen seguro se le habrá antojado larga, muy larga –son excesivamente largos los tiempos cuando uno vaga sin saber qué hacer ni qué decir- y por la que le pedirá a su mentor Zapatero algún jugoso premio.

A estas alturas de la película, me huelo que la inmensa mayoría de los madrileños ya se han olvidado del paso de Miguel Sebastián por la arena política de las municipales. Si ya lo dijeron Bono, Solana, González, de la Vogue…si hay que ir se va pero, ir “pa ná”, es tontería.

El que me tiene muy preocupado es don Rafael. Las tormentas de estos días –me refiero a las climatológicas- especialmente las de ayer han sometido a nuestro país a una situación dura ya que los colapsos provocados por la gran cantidad de agua caída, junto con el viento y el escandaloso aparato eléctrico han sido excepcionalmente llamativos. Madrid, capital de todos y de todo, no solo no podía ser una excepción sino que se ha visto especialmente castigada. Hasta aquí, con las consiguientes molestias y alteraciones lógicas todo correcto.

Lo complicado viene cuando don Rafael promete solucionar el colapso que sufre Madrid cuando llueve. ¡Ya la hemos liado! Con el trabajo que nos ha costado conseguir que los embalses estén llenos, ahora don Rafael nos procurará a buen seguro una pertinaz sequía (es hombre de medidas contundentes) que indudablemente eliminará los problemas que la lluvia ocasiona a Madrid. Mejor no nos solucione nada don Rafael, que de verdad que nos vamos apañando así, aunque nos mojemos los tobillos de vez en cuando.

Cuando Felipe II llegó al trono, ordenó al arquitecto Luis de la Vega –nada que ver con el rastrero Caminante- que diese comienzo a la ordenación, trazado y plantación de las primeras calles frente al Palacio Real de Aranjuez, en el Raso de la Estrella. Pasarían aproximadamente dos siglos hasta que el 24 de junio de 1770 se iniciasen, por encargo hecho a Jaime Marquet, las obras de construcción de los cuarteles de Reales Guardias Walonas y Españolas en el mencionado Raso de la Estrella.

Los avatares de la vida –no confundir con los tecnológicos de Pauso- han llevado al Raso de la Estrella a vivir momentos tensos e hilarantes como el protagonizado por el alcalde socialista de Aranjuez, Dionisio, intentando saltarse a la torera la autoridad que la administración autonómica tiene. Aún no se ha escrito la última página de esa pequeña parte de nuestra historia contemporánea, cuando el mismo alcalde nos pone encima de la mesa, de la mano de un reconocido arquitecto anglosajón que tiene casi nombre de mago –no de meiga- un proyecto que cuanto menos nos ha de ocupar la atención.

La recuperación de espacios y edificios históricos para el uso y disfrute de los ciudadanos no es solo una vocación sino una obligación de quienes desde la representación política ostentan los cargos de mayor responsabilidad en las distintas administraciones. Sin embargo hay que ser cuidadoso y no confundir la recuperación para usos actuales, modernos, con la eliminación de los elementos que hacen que esos espacios y edificios sean testimonio de momentos importantes de la historia de nuestro país. Los cuarteles de Reales Guardias Walonas y Españolas son testimonio de esa historia y, su uso moderno, debe compaginarse adecuadamente con el respeto a lo que fueron.

A saber lo que le habrá contado nuestro “con estudios de arquitectura” al afamado arquitecto anglosajón -¿cuánto nos costará su nacionalidad?- como idea básica para la preparación del proyecto.

Aquí en Aranjuez, como siempre, bien. El candidato socialista y actual alcalde Dionisio le dio calabazas al resto de candidatos en la cita que tenían para debatir en una emisora local, mostrando el respeto que tiene por los usos de cortesía democrática más elemental. Pese a su ausencia –o quizás gracias a ella- se escucharon propuestas interesantes.

La emisora a la que dio las mismas calabazas que a los otros candidatos, ha demostrado que está –nunca pensé que fuese de otra forma- al servicio del que manda. Al día siguiente le permitió no solo justificar su injustificable ausencia –no fue porque no le dio la gana- sino que además le dejó largar lo que quiso sin nadie enfrente para rebatirle. ¡Así se las ponían a Felipe II!, aunque no fue el mejor cazador.

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